Isabel Brito, la funcionaria y activista que lucha por los derechos de las cuidadoras

Cuida 5+

La onubense Isabel Brito, de 51 años, lleva 26 años como funcionaria de la Diputación de Huelva en el Servicio de Medio Ambiente. Es además una activista comprometida con la transformación ecosocial. Por eso colabora activamente con colectivos feministas, ambientales y en asociaciones que ayudan a personas migradas. Cuida5+ es su último proyecto, que partió como una iniciativa personal, y ha trascendido con el apoyo de asociaciones y entidades locales. Su objetivo: formar a mujeres que deseen desempeñar trabajos de cuidados de forma digna, conozcan sus derechos y, de paso, visibilizar la labor de estas mujeres. La iniciativa ha contado con el empuje de la Universidad de Huelva y la cátedra local Aguas de Huelva y se ha convertido en un proyecto de cuatro meses que está formando a 73 mujeres de la ciudad. Su aportación social ha merecido el premio ODS Local de Andalucía y ya prevé ampliar sus acciones de apoyo y seguimiento a los proyectos e iniciativas sociales que puedan surgir de este proyecto


¿Cómo surgió la idea de desarrollar este proyecto de apoyo a las mujeres cuidadoras?

Lo desarrollé tras estudiar un título propio de Experta en Economía Solidaria y Emprendimientos Sociales en la Universidad de Huelva. Después lo presenté a la Cátedra de Aguas de Huelva y trabajo en él con la colaboración de la Asociación Huelva para todos y todas, que es una asociación de hombres y mujeres migrantes que también traslada la cultura latinoamericana en Huelva. Es esencial el trabajo que hago con mi compañera Mery Martínez Suárez, la presidenta de la Asociación Huelva para Todos. Nuestro mutuo compromiso con el feminismo, la igualdad y la diversidad nos unió en este proyecto.

¿Cómo se desarrolla el proyecto?

Cuida 5+ forma a mujeres para cuidar y trabajar de forma digna. El proyecto se compone de tres fases principales.La primera, que ya hemos desarrollado, ha sido una fase formativa y teórica de 50 horas. Aquí enseñamos herramientas para el cuidado de personas mayores. Hemos hecho especial hincapié en la nutrición y en el manejo de personas mayores con consejos de una médico geronto-geriatra. La formación además ha sido híbrida, tanto presencial como con sesiones grabadas que se subían a una plataforma para que cada una visionara los vídeos según su horario. Se les está dando ese punto de motivación para que no se estanquen en su formación, para que logren sus objetivos y puedan mejorar su calidad de vida. La segunda fase está centrada en sus derechos laborales. Estas mujeres con las que trabajamos están en riesgo de extrema vulnerabilidad o son de otros países, así que han aprendido a conocer sus derechos y obligaciones con una abogada laboralista muy reconocida. La tercera fase es la del emprendimiento, y aquí trabajamos con instituciones como el CADE o FAECTA para que les enseñen cuáles son las ventajas de poder constituirse en una cooperativa, por ejemplo.

¿Cómo se enseña a emprender con proyectos sociales sobre cuidados?

Desde que comenzamos el proyecto, las mujeres han estado realizando talleres sobre organización y empoderamiento y han recibido la visita de otros proyectos sociales de éxito. Como el de Barcelona Cuida, que es un espacio de formación, información y asesoramiento en Cuidados. También conocieron la iniciativa de una cooperativa de cuidados de Vallecas (Madrid), que fomenta los cuidados dignos desde la proximidad.

¿En qué punto está la fase de innovación y emprendimiento?

Ahora mismo estamos sumergidos en ella. Un grupo diseña las iniciativas, otro estudia qué herramientas son necesarias para crearlas y difundirlas y un tercero se encarga de estudiar cuál es el proceso de financiación. Ellas están actualmente centradas en el desarrollo de iniciativas de acompañamiento a migrantes que llegan a Huelva en busca de trabajo de cuidados. Su objetivo es ayudarles proporcionándoles información para que logren un trabajo digno.

¿Por qué el trabajo de cuidados sigue siendo tan precario?

Porque está invisibilizado. Es un trabajo que siempre se ha hecho en el ámbito privado. La igualdad real no se va a conseguir hasta que no haya una corresponsabilidad compartida en los cuidados. En la pandemia hemos sido más conscientes. Quizás se haya avanzado con los niños pequeños, pero los cuidados, especialmente de mayores, han seguido recayendo en las mujeres y se sigue haciendo en condiciones de precariedad porque la sociedad no los reconoce. La pretensión para esta agenda 2030 es que no sigamos haciendo los cuidados de la manera en que lo hacemos. Nuestra población mayor no está bien atendida, así que la sociedad tiene que hacer un esfuerzo para que el sector de cuidados tenga el peso que se merece. Una sociedad que ponga en el centro la vida avanzará de manera coherente, digna y sostenible para todo el mundo. Es necesario motivar el cambio desde lo local porque desde aquí se generan las transformaciones más grandes.

 

¿Qué van a hacer cuando se acabe el proyecto?

Seguiremos involucradas a través de la organización, y tenemos dos compromisos nuevos. Uno, crear una guía donde se recojan los derechos que tienen las trabajadoras, que también estará dirigido a las familias empleadoras de estas mujeres, para que conozcan las obligaciones. También queremos hacer una plataforma digital con una base de datos de todas las trabajadoras del hogar, donde también volcaremos iniciativas de éxito y buenas experiencias que les sirvan a ellas para trabajar en red.

¿Qué falta por hacer?

Políticamente hablando, se puede hacer mucho. Una de las mayores reivindicaciones es que estas trabajadoras puedan acogerse al régimen general de la seguridad social. Actualmente están acogidas a un régimen de carácter especial y por tanto no tienen derecho a paro y otras prestaciones. No tienen derecho a paro ni a una serie de prestaciones. Necesitamos que los contratos sean dignos, que cobren como mínimo el salario mínimo, que tengan derecho a sus pagas y que se acabe con el régimen de internas. Es hora de valorar a estas mujeres como se merecen.